1. Pensar primero en la imagen del packaging
Antes de elegir un papel, una forma o un acabado, conviene definir qué debe inspirar el packaging. ¿Debe parecer premium, natural, minimalista, técnico, artesanal, colorido, depurado o más institucional? Una etiqueta personalizada para packaging actúa como referencia visual inmediata. No sirve solo para informar, sino para instalar una atmósfera, una credibilidad y una promesa. Por eso el buen punto de partida no es siempre la técnica, sino la imagen global que el producto debe proyectar en lineal, en e-commerce o en el momento del primer contacto.





















